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La Ciencia Yóguica

La Biblia y los Vedas podrán ser textos inspirados que provienen del cielo, pero la prueba definitiva de la verdad es la realización personal, la experiencia directa que se recibe por medio de la intuición omnisciente del alma.

Tanto la creencia como la fe son en sí mismas, son únicamente senderos laterales. El Yoga- la unión divina-, es el sendero supremo. Es, al mismo tiempo, el camino para alcanzar la realización de Dios y la experiencia universal de dicha realización. Quienes deseen, por ejemplo, viajar a Nueva York desde diversas regiones de Estados Unidos, deberán recorrer diferentes rutas. Sin embargo, una vez que lleguen todos verán las mismas cosas. Todas las religiones verdaderas conducen a Dios, pero algunos senderos implican mayor demora, en tanto que, otros, son más cortos. Sin importar cuál de las religiones dispuestas por Dios sea la que uno siga, las creencias de todas ellas se fundirán en una  única e idéntica experiencia común de Dios.

El Yoga es el sendero unificador que transitan todos los buscadores religiosos a medida que se acercan, finalmente, a Dios.

Antes de que uno pueda llegar a Él, debe existir el “arrepentimiento” que aparta de la ilusoria materia a la conciencia y la dirige hacia el reino de Dios que mora en nuestro interior. Este recogimiento de la conciencia lleva la fuerza vital y la mente hacia adentro, con el fin de que estas asciendan a través de los centros cerebro-espinales de espiritualización, situados en la espina dorsal, hasta alcanzar los estados supremos de la realización divina.

La unión final con Dios y las etapas que comprende esta unión son universales. Esto es el Yoga, la ciencia de la religión. Las sendas laterales, divergentes habrán de confluir en la autopista de Dios; y esta autopista pasa por la espina dorsal: el camino por el cual se trasciende la conciencia del cuerpo y se entra en el infinito reino de Dios.

Paramahansa Yogananda

 




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