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“DESTELLOS DE ETERNIDAD”

Hace 60 años, Paramahansa Yogananda dejó su cuerpo de manera consciente, luego de aunciar que sería la última vez que se lo vería con vida corpórea.

Compartimos aquí debajo, una carta escrita por uno de los swamis que estuvo junto a su cuerpo, horas después de haber dejado su existencia en este plano.

“MI GURU”  POR SWAMI  PREMANANDA

No sé quién me condujo hasta tu sagrado ser. Vine, y me recibiste con el amor divino de tu corazón. Iluminaste mi alma con la luz de tu alma. Nos volvimos una sola alma en el Alma Cósmica. Fuimos hechos un solo ser en el Ser Cósmico. La trinidad evoluciona hacia la dualidad; la dualidad alcanza la perfección en la unidad. La unidad se funde en el Uno Absoluto. Tal es la gloria celestial cuando, en este plano de realidades envueltas en evanescente multiplicidad, dos almas se reencuentran una vez más en la bienaventuranza de la verdad, del bien y de la belleza.

La luz de tu ideal espiritual siempre me guió a través de las vicisitudes de la vida en la tierra en donde en el servicio se mezclan gozo y tristeza, y en donde la esperanza y aspiraciones son nubladas por la duda y la decepción.

Viajando en el sendero de la luz, la paz vino a mí y confió su secreto a mi corazón. Comprendí su mensaje y he realizado que ese servicio desinteresado es el camino de la renunciación y la fuente infalible de contento interior. La paz es contentamiento interior, felicidad subjetiva y puro gozo.

En las primeras dos semanas de nuestro primer encuentro en Ranchi, me aceptaste como estudiante en tu escuela, y en una muy simple y sagrada habitación, con una imagen de Lahiri Mahasaya ante nosotros, me iniciaste en el Kriya Yoga de Babaji. Te convertiste en mi Gurú y yo en tu discípulo.

Un día vi un eje de luz suave desde el sol del atardecer descender a través de la ventana de la esquina superior del noroeste del ashram construído de piedra, e iluminar dulcemente tu joven rostro mientras dormías en un catre. Afuera del depósito, Bimal y yo preparábamos un almuerzo liviano para todos los residentes del ashram. Tú despertaste y nos dijiste que habías tenido una visión en la que ibas a América. Casi instantáneamente Bimal se levantó de un salto y corrió para informárselo a todos los profesores y estudiantes de tu escuela. En pocos minutos, todos sabían de tu visión sobre tu futura misión en América. Se declaró un día libre, y luego en esa misma tarde todos fuimos contigo hacia la estación de tren para verte dejar Calcutta.

Yo estuve felizmente entre los pocos que fueron contigo finalmente al muelle de Calcutta desde el cual el S. S. City of Sparta zarpó a la mar llevándote hacia América.

En ese momento, un pequeño incidente tuvo lugar, que fue algo divertido, pero al mismo tiempo revelaba tu carácter. Estabas hablando con quienes habíamos ido desde Ranchi y estábamos de pie junto a la barandilla de la cubierta principal. El capitán del barco se acercó a ti y te preguntó si ibas a ir al camarote o a bajar del barco.

Tú te diste vuelta, lo miraste fijamente a los ojos, y respondiste “Señor, un caballero no habla de esa manera.” El humillado capitán inglés se retiró con la cabeza gacha, mudo.

Detrás nuestro, en el muelle, estaba de pie una altísima personalidad espiritual cuyo semblante brillaba de orgullo, amor y bendiciones para ti. Era tu Gurudeva Swami Sri Yukteswar, cuyos benditos pies habías tocado apenas un rato antes.

Tu padre, tus hermanos Gora y Bishnu, tu hermana y otros de tu familia paterna, nos amaron y cuidaron de nosotros, porque creían, y en verdad era así, que nosotros éramos los hijos de tu familia espiritual.

Me mandaste a llamar para que vaya a América. En mi camino para tomar el tren, fui a ver a tu santo padre (B. C. Ghose) a su casa en Garpar Road, Calcutta, a ofrecerle mi saludo reverencial a sus benditos pies. El me bendijo con estas palabras: “Jotin, ahora ve a América y difunde el mensaje de mi Gurú (Lahiri).” Le prometí con mi alma que haría mi mayor esfuerzo para cumplir su deseo.

Las bendiciones de Lahiri llegaron a mí a través de tu padre. Cuán total y completamente bendecida ha sido mi vida debido al amor, gracia y bondad de almas divinas!

El estado inicial de mi ministerio tuvo un muy humilde comienzo. Comencé en la habitación de un sótano en el sector pobre de Northwest Washington en Columbia Road, en el distrito de Columbia. Esos días fueron extremadamente difíciles, y la vida era muy dura. Sufrí tanto física como emocionalmente. Un amigo mío me dijo: “Brahmachari, su sufrimiento es verdaderamente demasiado para sostener. ¿Por qué no vuelve a casa? Vuelva a India. Aquí ellos no están preparados para su filosofía, ni tampoco están realmente interesados en su religión.”

Yo respondí: “Algún día India será libre, y aquí, en la capital de esta nación, que ciertamente se convertirá en la capital del mundo, quiero dejar algo de lo mejor, de lo más elevado y de lo más noble que India tiene para ofrecer.”

A pesar de golpes devastadores y crueles, humillación y maldad, llevé a cabo mis acciones y cumplí todas mis obligaciones lo mejor que pude con máxima abnegación en el espíritu de renunciación. Afronté un gran compromiso y sufrí mucho. He vacilado y tropezado a lo largo del camino. Aún así, tú estuviste satisfecho y orgulloso de mis logros al establecer tu puro y más elevado ideal en la ciudad que consagra el pergamino que registra para toda la humanidad y para la eternidad, el derecho inalienable del hombre a la libertad y búsqueda de la felicidad. Me dijiste: “Jotin, lo que tú has logrado en Washington, yo no lo hubiese podido hacer.”

Fui a California para estar contigo durante los meses de verano, lo cual hice durante muchos años. En Junio de 1941, en Encinitas, en tu templo soñado del loto dorado y mármol azul, observando los ritos y susurrando la Palabra sagrada, el Mantra, me ordenaste y consagraste como swami de la antigua Orden de los Swamis de Swami Shankaracharya, y me diste mi nuevo nombre, Swami Premananda.

Prometiste que volverías a visitar la iglesia de Washington y que volverías al suelo bendito en el que estuvimos juntos recordando la vida y mensaje de nuestros grandes gurús. Pero partiste, mi divino Gurudeva. Partiste renunciando a tu ropaje mortal.

Más de medio siglo ha pasado desde que renovamos nuestra relación espiritual en esta vida. Jamás te pedí nada materialmente. ¿Cómo podría? Has derramado sobre mí abundantemente de los tesoros espirituales de tu divina alma. Los junté con la pureza y la devoción de mi alma. Cuando las almas se encuentran, lo finito de la dualidad se desvanece y se funde en el gozo de la unidad, en éxtasis trascendental.

Como el Creador, envuelto por el manto de su propia Maya, de manera intencional y muy hábilmente escondiste tu verdadero ser tras el velo de la curiosidad humana innata y amor ciego hacia los desconcertantes y tentadores fenómenos suprasensoriales. A tu propia manera inimitable has atraído devotos para todos los tiempos a creer en Dios y a vivir verdaderamente en la tierra siguiendo el camino de la santidad.

Ahora te has ido, abandonando todas tus posesiones terrenales. Nunca más tocaré tus santos pies ni sentiré la ternura de tus amorosas manos sobre mi cabeza recibiendo las bendiciones de tu corazón y alma.

No estuve destrozado ni triste. Al contrario, estuve lleno de gozo y éxtasis recordando lo que tú y yo sabemos con respecto a la verdad y a la belleza de la muerte. La muerte es Mahasamadhi, la liberación del alma en la perfección de Dios llena de dicha.

Ahora comprendo porqué has hecho que me llamen casi inmediatemente luego de tu dehatyag (abandono del cuerpo). Tú me señalaste para que reciba una pequeña porción de tu inmortal vida en mi vida. En tu muerte has dado la afirmación de la naturaleza transitoria del cuerpo y la inmortalidad del alma. ¿Qué mayor bendición puede recibir un discípulo de su Gurudeva?

A mi llegada a Mount Washington, seis discípulas tuyas me condujeron a la planta alta. Los pensamientos de gracia divina y el bendito gozo que recibí de ti allí en el lugar en el que viviste por tantos años me llenaron el corazón. Los discípulas me llevaron a tu dormitorio. Allí en la cama cubierta de seda blanca yacía tu cuerpo, inmóvil en serenidad sublime. Inmerso en brillo etéreo, tu forma terrenal yacía aún como la cumbre del Monte Everest debajo del cielo azul iluminado por las estrellas. Incluso en tu muerte tu rostro brillaba con gloria celestial. Nosotros siete estábamos de pie formando un semi-círculo a tus pies. Yo estaba cercano a tu corazón desde el lado izquierdo. Anhelé comunicarme contigo una vez más. Mi alma oró porque tú, tu alma acudiera a nosotros. Apareciste ante mí, y supe que estabas con nosotros en la habitación.

Coloqué mi mano derecha sobre tu corazón e indiqué a mis hermanas condiscípulas que hagan lo mismo. Nuestras manos unidas estaban sobre tu corazón e hicimos un voto sagrado. Pronuncié las palabras y todos me siguieron. Sentí tu presencia. Para asegurarnos de tu presencia junto a nosotros y del júbilo de tu alma, derramaste lágrimas. Lágrimas de amor y gozo corrían desde los extremos de tus ojos cerrados. Las discípulas se quedaron transfiguradas observando este increíble hecho. Asombrada y sorprendida, Lanie, nuestra más joven y más querida hermana condiscípula, siempre rápida con sus palabras de auto-expresión, habló con la voz temblorosa. “¿Puede ésto ser posible? ¿Puede…? ¿Puede…?”, dijo ella tres veces.

Permanecí silencioso en mi gozo. Con voz suave he pedido ésto, y la hermana Daya tiernamente secó las lágrimas de tus ojos. Las hermanas Mataji, Durga y otras estaban de pie en silencio. Les pedí, por favor no cuenten a nadie lo que han visto aquí hoy. Lo prometieron asintiendo silenciosamente con la cabeza.

Contemplé a tu alma, libre de su morada carnal, en el cuerpo espiritual de la forma astral fundiéndose gradualmente en la esfera de la luz etérea. Cada uno de nosotros con las manos unidas en amor y reverencia, y con inagotable gozo en nuestros corazones, lenta y silenciosamente abandonamos tu habitación. Que esta bendición eterna de tu alma inmortal continúe inspirándonos y guiándonos con seguridad y fe por siempre. Oh, mi adorable Gurudeva, ¿adónde más podría ir para recibir la gracia celestial sino a tu corazón divino?

Nos paramos en círculo en el vestíbulo principal de la mansión de Mt. Washington. Estábamos juntos para decidir qué debería hacerse con tu cuerpo. Fui informado de que tu hermano Sananda Gora había enviado un telegrama desde India dirigida a mí en la Sede Central de SRF, diciendo, “Jotin, envía el cuerpo de nuestro hermano a casa”. El Dr. Lewis pensativamente dijo que yo, siendo compatriota de nuestro Gurú, debería tener la decisión final. Mi mente recordó la manera en la cual tú habías hecho la disposición final del cuerpo de tu Gurú.

Habías regresado a India por una visita. Mientras estabas allí en tu madre patria, tu Gurudeva Swami Sri Yukteswar falleció. Me dijiste que no habías cremado su cuerpo, que era normalmente la costumbre de los hindúes. Tenías una fosa muy profunda cavada en la arena, colocaste su cuerpo allí, la llenaste con una gran cantidad de sal y finalmente cubriste la fosa con capas gruesas de arena. Así que enterraste el cuerpo de tu Gurú frente a su amado Karar Ashram en las costas de Puri. Yo seguí tu ejemplo y me expresé diciendo que tu cuerpo no debería ser cremado y que debería quedarse en USA. Todos estuvimos de acuerdo. St. Lynn me pidió que conduzca tu servicio funerario. Accedí y me sentí bendecido.

Con una diversión pura, retozando alegría, con jovialidad juvenil, con risas y lágrimas (sí, lágrimas también) dimos la bienvenida a nuestras responsabilidades y las hemos cumplido con una mente determinada y firmeza de propósito, así como también con devoción del corazón y amor del alma. Hicimos a nuestros días bendecidos en la santidad con canciones, oraciones y meditación. Nuestra vida fue completa y fructífera. Pero tú ya no estás.

En el santuario de Mt. Washington, del cual consideraste que era realmente tu hogar, en presencia de tus discípulos, devotos y amigos, mientras yo llevaba adelante el rito sagrado de liberación de pie a la cabecera del ataúd cubierto de flores, la mía fue la última mano que tocó tu sagrado cuerpo, tocando los hombros, el corazón y la frente (el ojo espiritual, el Kutasha) mientras cantaba el simbólico Mantra:

 

Por el toque de este fuego, este cuerpo es purificado,

por el toque de esta agua, este cuerpo es regresado a su naturaleza inmortal,

por el toque de esta pasta de sándalo, este cuerpo es regresado a Dios con devoción

(…)

 

El Forest Lawn: Un día no mucho antes de tu partida de este mundo de arenas y mares, me llevaste a ese hermoso parque. Era la hora del crepúsculo de un día glorioso. Caminamos a través del mausoleo y paseamos por el hermoso jardín. Las flores crecían alrededor del camino revelando la belleza del Todo-Bello. En actitud pensativa, me dijiste “Premananda, este lugar es tan hermoso que inspira a uno a dar la bienvenida a la muerte sólo para estar aquí.” ¡Estas palabras tuyas hicieron que me lo preguntara!

Ahora tu cuerpo, embalsamado y sellado en un ataúd, yace en una bóveda en el mausoleo de mármol. Tú conoces el lugar. Yo, con mi alma, doy testimonio de la verdad de tu percepción yóguica extra-sensorial. Lamentablemente (lástima, qué lástima) pocos, muy pocos, están calificados espiritualmente para comprender la verdad de la inmensidad de tu iluminación divina y auto-perfección.

Una vez más he regresado a este suelo bendito y me paré frente a la bóveda que protegió tu forma terrenal. Con la mayor reverencia coloqué una rosa amarilla fresca en el vaso de oro frente a la lápida brillante de blanco marfil. Allí me quedé de pie en callada contemplación, solo. Absorto en mi propio pensamiento, lentamente, en verdad, muy lentamente me alejé.

 

 

 

 



2 personas han dejado comentarios en este post



» Eduardo Alberto Espinosa dijo: { mar 19, 2014 - 08:03:19 }

Un relato que me emocionó hasta las lágrimas, Bendigo a todo aquel que estuvo junto al Gran Maestro. Aunque no recibo por el momento las lecciones de srf. siento un amor profundo por Él. Estoy seguro que algún día lo conoceré. Gracias, Gracias Gurú, has despertado en mi la espiritualidad, te amo tanto como el amor que hoy siento por DIOS nuestro padre.

» admin dijo: { abr 9, 2014 - 02:04:47 }

Gracias Eduardo por tan bello comentario compartido en esta web!!!


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