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Yoga: Filosofía y Arte de Vida

El Yoga parte de una serie de preceptos que guían la conducta humana, ofreciendo un marco ético y filosófico que ayuda  al ser humano a vivir en armonía con todo lo que es.

Plantea que todo ha sido manifestado por la misma conciencia infinita. Que somos esa conciencia aunque vivimos sin saberlo. Que todo lo existente tiene una misión, un objetivo. Todo es parte de la misma energía infinita de la cual provenimos;  así, al modificar un elemento, el resto también se modifica. Todo y todos estamos interconectados.

Por esta razón, la filosofía del yoga nos ofrece una guía para comulgar con todo lo que nos rodea por un lado, y  con nuestro propio interior, por otro.

 

Los Grandes Preceptos

Estos preceptos se dividen en dos grandes grupos Yama y Niyama.

 

A.-Yama (la actitud hacia y con los demás)

Se refiere a las abstenciones, al hacer y no hacer. Pone el acento en la relación con el mundo que nos rodea.

Cuando hablamos de abstenciones no nos referimos a negar o anular emociones, sentimientos, conductas o actitudes, sino a trabajar sobre ellas en un constante camino de auto-conocimiento y desarrollo personal.

Yama se centra y desarrolla en cinco principios básicos.

 

Los cinco principios del Yama

 

1.- Ahimsa (No violencia):

Se refiere a no ejercer violencia sobre los demás, sobre lo que nos rodea, y sobre nosotros mismos. Entendiendo como violencia no sólo a la violencia física, sino también la violencia verbal, psicológica y/o emocional.

Nos recuerda asimismo que el maltrato a los demás y al medio ambiente conlleva un maltrato hacia aquel que lo profiere.

De este principio, se desprende el ideal actitudinal a seguir en cualquier circunstancia: amabilidad y compasión.

2.- Satya (No mentir):

Ser sinceros con los demás y con nosotros mismos, no engañar ni auto engañarnos. Conducirnos en la vida con veracidad.
Decir la verdad cuando esta es buena para los demás.

Se admite, sin embargo, ocultar la verdad en los casos en que ésta pueda herir a terceros.

 
3.- Asteya (No robar):

No apropiarnos de lo que no es nuestro, o de lo que no nos corresponde, ya sea que se trate de elementos materiales o intangilbles: ideas, etc.

4.- Brahmacharya (Moderación):

Moderación en todos los actos de la vida, en el hacer, decir, pensar ya que la energía ha de ser enfocada en un objetivo loable en lugar de malgastarla.

También se lo define como castidad.

 
5.- Aparigraha (control de los sentidos):

Se refiere a no estar al servicio de la satisfacción de los deseos que surgen a partir de estímulos sensoriales.

 
B.- Niyama (la actitud con uno mismo):

Se refiere al desarrollo del potencial y armonía interior. Pone el acento en la relación con nuestro propio ser.

 

Niyama

Si Yama versa sobre la actitud a tomar con el mundo externo, Niyama trata acerca de la actitud apropiada que debe ser tenida en cuenta para consigo mismo. Construye su ética a partir de cinco principios básicos.

 

Los Cinco Principios del Niyama

 
1- Sauca (pureza, limpieza):

Se refiere a la pureza y limpieza de la mente, el cuerpo y el entorno.

 
2- Santosha (contentamiento):

Sentirse a gusto con lo que se posee, disfrutar de lo que se tiene en lugar de vivir anhelando aquello de lo que se carece.

Se refiere al desapego ante lo material a la actitud altruista aceptando las situaciones de vida, sin por ello resignarse.

 
3Tapas (auto-disciplina, fuerza de voluntad):

Significa arder en el fuego”. Alude a la actitud correcta que lleva al hombre en busca de los propios ideales, superando la inercia.

 
4- Svadhyaya (aprendizaje y autoconocimiento):

Se refiere a profundizar en el conocimiento de uno mismo, y de la realidad que nos rodea. Reflexión.

 
5- Ishvaripranidhana (entrega al orden superior):

Se trata de entender nuestras acciones como una expresión del amor auténtico y paralelamente, como una ofrenda a un orden superior sin importar los beneficios materiales.

La acción es realizada por el valor que le es intrínseco, no por una ganancia posterior en reconocimiento o dinero.

 

 

Nuestros Cursos,Talleres y Servicios

Cursos Grupales : Nuevos Horarios

Curso Integral de Meditación (teórico-práctico)

Martes 19 hs

Viernes 18 hs

Curso de Hatha Yoga y Meditación

Viernes 20:30 hs

También sesiones individuales  en horarios según disponibilidad.

 

Servicios:

Terapia Integrativa Psico-Espiritual

 

Manejo del Stress

 

Estudios Astrológicos Integrales

 

 

Talleres Puntuales:

India, Espiritualidad Viva: Cine, Debate y Práctica Espiritual

Meditaciones Cantadas: Mantras de India y Tibet

Encuentros Reflexivos: Ciencia y Espiritualidad

Encuentros para la Vida: Confluencias Oriente-Occidente en pro de una Vida Saludable.

 

 

 

Informes  e Inscripciones: info@hacedoresdeconciencia.com

El Ascenso de Kundalini (por Ma Ananda Moyi)

 

Mientras daba un paseo al mediodía, me senté aquí en una postura de yoga; entonces, observé, a partir del centro superior en el cerebro y hacia abajo en la espina dorsal hasta el final inferior, algunos centros vitales que se asemejaban a la forma del loto.

Vi claramente que desde el extremo de abajo, hacia arriba, se encontraban muchos centros, cada vez más sutiles, de los que sólo los seis principales fueron dibujados aquí. No los dibujé deliberadamente; mi mano se movió por sí misma sobre el piso y así es como estas figuras han aparecido.

Debe observarse que, a través de estas áreas vitales de nervios entrelazados, funcionan los impulsos heredados, las propensiones adquiridas, las emociones, los diferentes deseos persistentes, los ciclos de pensamiento y los conceptos de la vida y la muerte…que descienden desde el más elevado centro en el cerebro, en respuesta a los estímulos provenientes de todos los órganos de los sentidos.

Manantiales de vida y fluido vital recorren, veloz o lentamente esos canales y guían los procesos vitales y las corrientes de pensamiento del hombre.

Del mismo modo que la tierra, el agua, el fuego, el aire y el espacio más allá de la atmósfera se interpenetran uno con el otro, así, estos seis centros principales se encuentran en una interdependencia mutua, a la manera de una cadena vital.

Un poco de reflexión los convencerá de que cuando los pensamientos son puros y plenos de bienaventuranza, el juego de la vida se desarrolla en los centros superiores del cuerpo. Así como se ve que las vertientes de agua que se encuentran en el fondo de un pozo o de un estanque proveen constantemente a éste, o así como la savia de la vida vegetal se halla subterránea y profunda entre las raíces, de igual forma, en el extremo inferior del cordón espinal (muladhara) yace dormida la fuente de las fuerzas vitales gigantescas, provenientes en última instancia del Sol, de donde brotan los manantiales de la vida.

 

El Despertar de Kundalini

Cuando con paciencia y santidad se lucha para purificar los vehículos interiores y exteriores, las vibraciones resultantes de los pensamientos golpean centros cada vez más elevados, liberando las tensiones de los mismos y permitiendo que la fuerza vital contenida  en el centro inferior busque salida hacia arriba.

Entonces, todo el letargo, todos los deseos e impulsos primarios y todos los samskaras

( predisposiciones mentales provenientes en su mayor parte de encarnaciones de vidas pasadas) se desvanecen gradualmente; junto con la liberación del bloqueo, nuestro apego por los objetos de los sentidos comienza a relajarse y la vida interior empieza a tomar forma.

 

El Ascenso

Cuando el empuje ascendente de las fuerzas vitales alcanza el centro ubicado entre las cejas, la corriente interna del fluido vital circula con facilidad y pureza de forma bastante pareja en todo el sistema humano; como resultado de esto, el devoto llega a comprender algo de la naturaleza del ego, del mundo y de la creación.

Si uno continúa en esta etapa por mucho tiempo, todas sus tendencias y sus anhelos prenatales y heredados, gradualmente se tornan más y más débiles; su mente alcanza niveles cada vez más elevados de contemplación y centros vitales cada vez más profundos.

 

Más allá del entrecejo

Cuando el devoto trasciende el centro situado en el entrecejo, sus poderes mentales se sumergen en lo supramental, su ego se disuelve en el estado de profundo  Amor Divino y él encuentra refugio eterno en el Ser. Entonces entra en Samadhi, estado de perpetua bienaventuranza.

 

Sonidos en el Silencio

A medida que los diferentes centros vitales comienzan a abrirse, diferentes sonidos se perciben interiormente y el devoto llega a oir los sonidos de las caracolas, campanas, flautas, etc todos fundiéndose en el ritmo cósmico de una gran voz de infinito silencio. En ese estadio ningún pensamiento ni objeto del mundo exterior puede distraer su atención.

A medida que avanza, su ser se disuelve en las profundidades sin fondo de esa música que impregna el universo entero y él encuentra reposo eterno”.

Fuente: La Madre Divina

 

 

India a Pleno!!!

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Sabiduría Ancestral



"Así como el ignorante ejecuta sus obras apenas por propio interés, 

el sabio actúa con toda dedicación, impulsado por un único motivo: 

el orden del mundo."

(Bhagavad Gita III:25)

 

La Segunda Venida de Cristo según la Ciencia del Yoga

Rendir Homenaje Divino

(Autobiografía de un Yogui- Paramahansa Yogananda)

 

“Había un enfermo llamado Lázaro … Cuando Jesús oyó eso, dijo: “Esta enfermedad no es de muerte, es para la Gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (San Juan. 11:14).

Mi maestro, Sri Yukteswar estaba explicando las escrituras cristianas una hermosa mañana de verano.

Yo me encontraba allí con un pequeño grupo de mis estudiantes.

- En este pasaje, Jesús se llamó a sí mismo Hijo de Dios, aun cuando en realidad estaba unido a Él… El Hijo de Dios es el Cristo o la Conciencia Divina que mora en el hombre. Ningún mortal puede glorificar a Dios. El único honor que el hombre puede pagar a su Creador es buscarle. El hombre no puede glorificar una abstracción que no conoce. La gloria o aureola alrededor de la cabeza de los santos es el testigo simbólico de su capacidad de rendir homenaje divino.

Sri Yukteswar siguió leyendo la maravillosa historia de la resurrección de Lázaro. Al terminar, guardó un profundo silencio, con el libro sagrado sobre sus rodillas.

 

Resurrección en la India Moderna

Con solemne unción, mi maestro dijo: yo también tuve el privilegio de contemplar un milagro parecido. Lahiri Masaya- mi Maestro- rescató de la muerte a uno de mis amigos inseparables, llamado Rama.

Inesperadamente, mi amigo contrajo cólera asiático y se llamó a dos especialistas.

En medio del frenético ajetreo para ayudar al enfermo, yo estaba orando fervientemente a Lahiri Masaya e, implorando su ayuda, me precipité a su casa y entre sollozos, le conté lo sucedido.

-         Los médicos están atendiendo a Rama. Pronto estará bien- me dijo mi maestro jovialmente.

Regresé entonces algo más confortado al lado de la cama de mi amigo, sólo para encontrarlo ya agonizando.

-         No puede durar más de una o dos horas- me dijo uno de los doctores.

Una vez más más corrí al lado de Lahiri Masaya.

-         Los médicos saben lo que hacen. Tengo la seguridad de que Rama sanará. El maestro me despidió jovialmente.

Al volver al lado de Rama me encontré con que los médicos ya se habían marchado. Uno de ellos había dejado una nota: “ Hemos hecho todo lo que hemos podido pero éste es un caso perdido”…

De pronto, Rama se enderezó y me dijo:

-         Yukteswar, corre y dile al maestro que he partido. Pídele que bendiga mi cuerpo antes de someterlo a los últimos ritos.

Con estas palabras, Rama suspiró profundamente y entregó su alma.

Lloré durante más de una hora ante su amada forma. …

Al poco tiempo llegó otro discípulo; le pedí que permaneciera en la casa hasta que yo regresara. Anonadado, me dirigí penosamente a la casa de mi gurú.

-         ¿Cómo está ahora Rama? El rostro de Lahiri Masaya irradiaba sonrisas.

-         Señor, pronto Usted verá cómo está! … Dentro de pocas horas verá usted su cuerpo antes de ser conducido a la cremación- y prorrumpí en sollozos.

-         Yukteswar contrólate! Siéntate y cálmate. Medita.

Mi gurú entró en Samadhi. La tarde y la noche pasaron en un ininterrumpido silencio. Yo luchaba infructuosamente por recobrar mi calma interior.

Al amanecer Lahiri Masaya me miró consoladoramente.

-         Veo que aun estás perturbado. ¿Por qué no me explicaste que tú querías que yo diera a Rama una ayuda tangible en forma de alguna medicina?

El Maestro señaló una lámpara que contenía aceite de ricino crudo.

-    Llena una botellita con el aceite de la lámpara. Pon siete gotas en la boca de Rama.

-      Señor, él está muerto desde ayer al mediodía! ¿De qué sirve ahora el aceite?

-      No importa. Haz como yo te digo.

Encontré el cuerpo de mi amigo frío ya, con la rigidez de la muerte. Sin reparar en su cadavérico aspecto, abrí sus labios con el índice de mi mano derecha y me di maña con la mano izquierda y la ayuda de un corcho para introducir, gota a gota, el aceite a través de sus trabados dientes.

Tan pronto como la séptima gota tocó sus fríos labios, Rama se estremeció violentamente. Todos sus músculos vibraron desde la cabeza hasta los pies, mientras se sentaba maravillado.

- He visto a Lahiri Masaya  en medio de un halo de luz- gritó-¡Brillaba como un sol! “Levántate Rama, abandona tu sueño- me ordenó- Ven con Yukteswar a verme”.

Apenas si podía dar crédito a mis ojos mientras Rama se vestía  y demostraba suficiente vigor  después de la fatal enfermedad, para caminar hasta la casa de nuestro amado gurú. Allí se postró Rama a los pies de Lahiri Masaya, derramando abundantes lágrimas de gratitud.

El maestro se mostraba radiante de gozo. Sus ojos me hicieron un guiño malicioso.

-         Guruji, Usted se burla de mí. ¿Por qué?- le dije. Indíqueme la naturaleza de mi error.

-         Te dije dos veces que Rama sanaría. Sin embargo, no pudiste creerme completamente-, explicó Lahiri Mahasaya. – No quise decir que los médicos pudieran curarlo; únicamente observé que ellos lo estaban atendindo. Yo no quise intervenir porque ellos también deben ganarse la vida. Recuerda siempre que el omnipresente Paramatman, el Alma Suprema, puede sanar a cualquier paciente, haya o no doctores.

-         Ya comprendo mi error. Confesé con remordimiento. Ahora sé que su simple palabra está atada a todo el cosmos.

 

La Segunda Venida de Cristo

Cuando tu cuerpo se haya aquietado y  tu  conciencia apaciguado;

cuando hayas aprendido a comulgar en el silencio de tu Alma,

oirás la Voz y verás Su Rostro.

Unido estarás a Su forma

que por fin se habrá fundido en ti.

Y ya no habrá dos, sino sólo uno.

Sabrás entonces que Cristo está en ti.

 

 

La “Resurrección” según la Ciencia del Yoga

¿Cómo logró Cristo Resucitar su Cuerpo Crucificado?

La ciencia moderna no tiene aun una respuesta a esta pregunta, pero con el advenimiento de la era atómica se ha ensanchado prodigiosamente el alcance de la mente humana.

Las Escrituras Védicas declaran que el mundo físico opera bajo la ley de Maya, el principio de relatividad y de dualidad.

Todas las acciones naturales fundamentales evidencian su origen máyico. Por ejemplo: el átomo es- como la tierra misma- un magneto con sus polos  negativo y positivo.

Todo el mundo fenoménico está bajo el dominio inexorable de la polaridad; ninguna ley física o química se halla libre de principios opuestos o contrarios.

La ciencia no puede por lo tanto formular leyes que escapen al campo de Maya.

Sin embargo, dominar la Maya fue la tarea asignada a la raza humana. Elevarse sobre la dualidad de la Creación y percibir la unidad del Creador, es la meta.

 

La ley de la polaridad, la ley de Maya

Aquellos que se aferran a la ilusión cósmica deben aceptar la ley esencial de polaridad: flujo y reflujo, elevación y caída, día y noche, placer y dolor, bien y mal, nacimiento y muerte.

Este sistema asume cierta angustiosa monotonía después de que el hombre ha pasado a través de algunos millares de nacimientos humanos. Comienza entonces a dirigir su mirada más allá de las compulsiones de Maya.

Descubrir el velo de Maya es acceder al secreto de la creación.  Y el secreto es la Luz.

 

Los Secretos del Cosmos

De los misterios del cosmos, el más extraordinario es la luz.

A diferencia de las ondas sonoras, no necesita del aire u otro medio material para su transmisión. Las ondas de luz circulan libremente por el vacío  del espacio interestelar.

En la gigantesca concepción de Einstein, la velocidad de la luz domina enteramente la Teoría de la Relatividad. Él demuestra matemáticamente que la velocidad de la luz es la única constante en un universo en continuo flujo. Todos los patrones de tiempo y espacio dependen de la velocidad de la luz: la única magnitud absoluta. Así pues, el tiempo y el espacio son factores relativos y finitos. Al unirse al espacio como una relatividad dimensional, el tiempo ha sido reducido a su  verdadera naturaleza: la esencia misma de la ambigüedad.

Einstein desvaneció del cosmos toda realidad fija, excepto la de la luz.

Hoy en día, grandes hombres de ciencia afirman que el átomo no es materia sino energía. Y la energía atómica es descripta como “sustancia mental”.

La verdadera comprensión de que la ciencia física opera con un mundo de sombras es uno de los adelantos más significativos. La sombra de mi codo reposa sobre la sombra de la mesa…todo esto es simbólico y permanece como un símbolo para los físicos. En términos crudos, la sustancia del mundo es sustancia mental.

En su famosa ecuación que señala la equivalencia entre masa y energía, Einstein demostró que la energía de cualquier partícula de materia es igual a su masa o peso, multiplicado por el cuadrado de la velocidad de  la Luz.

La liberación de la energía atómica se ha conseguido por medio de la aniquilación de las partículas de materia.

La velocidad de la luz es un standard matemático porque ningún cuerpo material cuya masa aumenta con su velocidad puede llegar a alcanzar la velocidad de la luz.

Esta concepción nos conduce a la ley de los milagros.

 

Los Maestros y Sus Cuerpos

Los Maestros que pueden materializar o desmaterializar sus cuerpos o cualquier otro objeto  y moverse con la velocidad de  la luz empleando los rayos de la luz creadora para volver instantáneamente visible cualquier manifestación física, han llenado las condiciones necesarias: su masa es infinita.

La conciencia de un yogui perfecto permanece identificada no con un cuerpo finito sino con la estructura universal. La gravedad ya sea como la “fuerza” de Newton o como la “inercia” de Einstein, no tiene poder para obligar a un Maestro  a exhibir la propiedad de peso que constituye la cualidad gravitacional distintiva de todos los objetos materiales.

Aquel que se conoce a sí mismo como Espíritu Omnipresente, ya no está sujeto a las rígidas leyes que limitan su cuerpo en el tiempo y en el espacio.

Las opresoras señales de “no pasar” han cedido ante la autoridad del “Yo soy Él”.

 

Paramahansa Yogananda

Autobiografía de un Yogui

 

 

 

Kundalini, Divina Madre y Energía Primordial

Aquello que es Brahman, también es la Energía Primordial, también es la Divina Madre.

 

 

 

 

 

 

 

“Despierta Madre, despierta!

¡Cuánto tiempo has estado dormida

en el loto del Muladhara!

Cumple tu secreta función, Madre.

Elévate al loto de los mil pétalos dentro de la cabeza,

donde el poderoso Shiva tiene Su morada.

Rápidamente atraviesa los seis lotos.

Y quita mi pesar.

¡Oh, Esencia de la Conciencia”.

 

El poema habla del paso de Kundalini o Energía Primordial, representada como una serpiente que se despliega a través de los seis centros o chakras yóguicos, desde el chakra raíz, en la base de la columna vertebral, hacia arriba.

Dios está en el interior y en el exterior. Desde el interior, Él crea los varios estados de la mente. Después de pasar por los seis centros, el Yiva (alma individual encarnada) va más allá de Maia ( ilusión, ignorancia que lo mantiene apegado al mundo). Y se une con Shiva, el Alma Suprema. Esto es la visión de Dios.

Pero uno no puede ver a Dios a menos que Maia se haga a un lado.

Los Planos del Vedanta y los Chakras del Yoga

Así como el Vedanta- filosofía unicista de la India- plantea siete planos mentales de experiencia humana, el yoga explica el despertar y desarrollo de Kundalini, a través de su paso por los siete centros energéticos o chakras.

En la mayoría de la gente,  la mente mora en los tres primeros chakras: Muladhara, Svadhishthana y Manipura; en estos centros, la energía vital es utilizada en los órganos de evacuación, reproducción y digestión. Los pensamientos y la vida toda,  se organizan en torno a estos tres ejes.

Cuando la mente asciende al cuarto plano del Vedanta, correspondiente al cuarto chakra del yoga designado como Anahata, en el centro del pecho,  se ve al alma individual como una llama, así como mucha luminosidad. Ante esto, el aspirante exclama: “ ¡Oh! ¡ ¿Qué es esto?! ¡¿Qué es esto?!

Cuando la Kundalini sube al quinto chakra, elevando asimismo el nivel vibratorio de la mente, el practicante sólo quiere oír hablar de Espiritualidad.

Grandes Maestros han instruido acerca del Conocimiento de lo Uno, desde el quinto y sexto planos. Pero aún allí, hay una barrera entre Dios y el devoto. Es como la barrera de vidrio de una linterna que impide tocar la luz.

Después de pasar por los seis centros, el aspirante llega al séptimo chakra, ubicado en la coronilla; es decir, el séptimo plano del Vedanta. Al alcanzar este chakra, la mente se sumerge en Brahman: “Eso que es”. El “Yiva” Alma individual y el “Shiva” Alma Suprema, se vuelven uno. El aspirante entra en samadhi, éxtasis, y su conciencia del cuerpo desaparece.

Pierde la conciencia del mundo exterior. No ve más lo múltiple. Su razonamiento se detiene. …

 

Alquimia y Esoterismo Yóguicos

Todo el proceso tiene lugar gracias al ascenso de la Divina Madre, Maha Shakti Kundalini! La Energía Primordial Espiritualizada, que alejándose de sus primeras funciones meramente vitales, ha incrementado su poder electromagnético al punto de sutilizarse modificando sustancialmente la vibración mental del practicante.

Esa es la verdadera y única alquimia, la verdadera y única meta de cada nacimiento como ser humano.

Conocer y experimentar nuestra naturaleza divina llevándola a su máxima expresión, es el derecho da cada uno de nosotros.

Por eso, repitamos con fervor y determinación:

 

“Despierta Madre, despierta!

¡Cuánto tiempo has estado dormida en el loto del Muladhara!

Cumple tu secreta función, Madre.

Elévate al loto de los mil pétalos dentro de la cabeza,

donde el poderoso Shiva tiene Su morada.

Rápidamente atraviesa los seis lotos.

Y quita mi pesar.

¡Oh, Esencia de la Conciencia”.

 

 

“DESTELLOS DE ETERNIDAD”

Hace 60 años, Paramahansa Yogananda dejó su cuerpo de manera consciente, luego de aunciar que sería la última vez que se lo vería con vida corpórea.

Compartimos aquí debajo, una carta escrita por uno de los swamis que estuvo junto a su cuerpo, horas después de haber dejado su existencia en este plano.

“MI GURU”  POR SWAMI  PREMANANDA

No sé quién me condujo hasta tu sagrado ser. Vine, y me recibiste con el amor divino de tu corazón. Iluminaste mi alma con la luz de tu alma. Nos volvimos una sola alma en el Alma Cósmica. Fuimos hechos un solo ser en el Ser Cósmico. La trinidad evoluciona hacia la dualidad; la dualidad alcanza la perfección en la unidad. La unidad se funde en el Uno Absoluto. Tal es la gloria celestial cuando, en este plano de realidades envueltas en evanescente multiplicidad, dos almas se reencuentran una vez más en la bienaventuranza de la verdad, del bien y de la belleza.

La luz de tu ideal espiritual siempre me guió a través de las vicisitudes de la vida en la tierra en donde en el servicio se mezclan gozo y tristeza, y en donde la esperanza y aspiraciones son nubladas por la duda y la decepción.

Viajando en el sendero de la luz, la paz vino a mí y confió su secreto a mi corazón. Comprendí su mensaje y he realizado que ese servicio desinteresado es el camino de la renunciación y la fuente infalible de contento interior. La paz es contentamiento interior, felicidad subjetiva y puro gozo.

En las primeras dos semanas de nuestro primer encuentro en Ranchi, me aceptaste como estudiante en tu escuela, y en una muy simple y sagrada habitación, con una imagen de Lahiri Mahasaya ante nosotros, me iniciaste en el Kriya Yoga de Babaji. Te convertiste en mi Gurú y yo en tu discípulo.

Un día vi un eje de luz suave desde el sol del atardecer descender a través de la ventana de la esquina superior del noroeste del ashram construído de piedra, e iluminar dulcemente tu joven rostro mientras dormías en un catre. Afuera del depósito, Bimal y yo preparábamos un almuerzo liviano para todos los residentes del ashram. Tú despertaste y nos dijiste que habías tenido una visión en la que ibas a América. Casi instantáneamente Bimal se levantó de un salto y corrió para informárselo a todos los profesores y estudiantes de tu escuela. En pocos minutos, todos sabían de tu visión sobre tu futura misión en América. Se declaró un día libre, y luego en esa misma tarde todos fuimos contigo hacia la estación de tren para verte dejar Calcutta.

Yo estuve felizmente entre los pocos que fueron contigo finalmente al muelle de Calcutta desde el cual el S. S. City of Sparta zarpó a la mar llevándote hacia América.

En ese momento, un pequeño incidente tuvo lugar, que fue algo divertido, pero al mismo tiempo revelaba tu carácter. Estabas hablando con quienes habíamos ido desde Ranchi y estábamos de pie junto a la barandilla de la cubierta principal. El capitán del barco se acercó a ti y te preguntó si ibas a ir al camarote o a bajar del barco.

Tú te diste vuelta, lo miraste fijamente a los ojos, y respondiste “Señor, un caballero no habla de esa manera.” El humillado capitán inglés se retiró con la cabeza gacha, mudo.

Detrás nuestro, en el muelle, estaba de pie una altísima personalidad espiritual cuyo semblante brillaba de orgullo, amor y bendiciones para ti. Era tu Gurudeva Swami Sri Yukteswar, cuyos benditos pies habías tocado apenas un rato antes.

Tu padre, tus hermanos Gora y Bishnu, tu hermana y otros de tu familia paterna, nos amaron y cuidaron de nosotros, porque creían, y en verdad era así, que nosotros éramos los hijos de tu familia espiritual.

Me mandaste a llamar para que vaya a América. En mi camino para tomar el tren, fui a ver a tu santo padre (B. C. Ghose) a su casa en Garpar Road, Calcutta, a ofrecerle mi saludo reverencial a sus benditos pies. El me bendijo con estas palabras: “Jotin, ahora ve a América y difunde el mensaje de mi Gurú (Lahiri).” Le prometí con mi alma que haría mi mayor esfuerzo para cumplir su deseo.

Las bendiciones de Lahiri llegaron a mí a través de tu padre. Cuán total y completamente bendecida ha sido mi vida debido al amor, gracia y bondad de almas divinas!

El estado inicial de mi ministerio tuvo un muy humilde comienzo. Comencé en la habitación de un sótano en el sector pobre de Northwest Washington en Columbia Road, en el distrito de Columbia. Esos días fueron extremadamente difíciles, y la vida era muy dura. Sufrí tanto física como emocionalmente. Un amigo mío me dijo: “Brahmachari, su sufrimiento es verdaderamente demasiado para sostener. ¿Por qué no vuelve a casa? Vuelva a India. Aquí ellos no están preparados para su filosofía, ni tampoco están realmente interesados en su religión.”

Yo respondí: “Algún día India será libre, y aquí, en la capital de esta nación, que ciertamente se convertirá en la capital del mundo, quiero dejar algo de lo mejor, de lo más elevado y de lo más noble que India tiene para ofrecer.”

A pesar de golpes devastadores y crueles, humillación y maldad, llevé a cabo mis acciones y cumplí todas mis obligaciones lo mejor que pude con máxima abnegación en el espíritu de renunciación. Afronté un gran compromiso y sufrí mucho. He vacilado y tropezado a lo largo del camino. Aún así, tú estuviste satisfecho y orgulloso de mis logros al establecer tu puro y más elevado ideal en la ciudad que consagra el pergamino que registra para toda la humanidad y para la eternidad, el derecho inalienable del hombre a la libertad y búsqueda de la felicidad. Me dijiste: “Jotin, lo que tú has logrado en Washington, yo no lo hubiese podido hacer.”

Fui a California para estar contigo durante los meses de verano, lo cual hice durante muchos años. En Junio de 1941, en Encinitas, en tu templo soñado del loto dorado y mármol azul, observando los ritos y susurrando la Palabra sagrada, el Mantra, me ordenaste y consagraste como swami de la antigua Orden de los Swamis de Swami Shankaracharya, y me diste mi nuevo nombre, Swami Premananda.

Prometiste que volverías a visitar la iglesia de Washington y que volverías al suelo bendito en el que estuvimos juntos recordando la vida y mensaje de nuestros grandes gurús. Pero partiste, mi divino Gurudeva. Partiste renunciando a tu ropaje mortal.

Más de medio siglo ha pasado desde que renovamos nuestra relación espiritual en esta vida. Jamás te pedí nada materialmente. ¿Cómo podría? Has derramado sobre mí abundantemente de los tesoros espirituales de tu divina alma. Los junté con la pureza y la devoción de mi alma. Cuando las almas se encuentran, lo finito de la dualidad se desvanece y se funde en el gozo de la unidad, en éxtasis trascendental.

Como el Creador, envuelto por el manto de su propia Maya, de manera intencional y muy hábilmente escondiste tu verdadero ser tras el velo de la curiosidad humana innata y amor ciego hacia los desconcertantes y tentadores fenómenos suprasensoriales. A tu propia manera inimitable has atraído devotos para todos los tiempos a creer en Dios y a vivir verdaderamente en la tierra siguiendo el camino de la santidad.

Ahora te has ido, abandonando todas tus posesiones terrenales. Nunca más tocaré tus santos pies ni sentiré la ternura de tus amorosas manos sobre mi cabeza recibiendo las bendiciones de tu corazón y alma.

No estuve destrozado ni triste. Al contrario, estuve lleno de gozo y éxtasis recordando lo que tú y yo sabemos con respecto a la verdad y a la belleza de la muerte. La muerte es Mahasamadhi, la liberación del alma en la perfección de Dios llena de dicha.

Ahora comprendo porqué has hecho que me llamen casi inmediatemente luego de tu dehatyag (abandono del cuerpo). Tú me señalaste para que reciba una pequeña porción de tu inmortal vida en mi vida. En tu muerte has dado la afirmación de la naturaleza transitoria del cuerpo y la inmortalidad del alma. ¿Qué mayor bendición puede recibir un discípulo de su Gurudeva?

A mi llegada a Mount Washington, seis discípulas tuyas me condujeron a la planta alta. Los pensamientos de gracia divina y el bendito gozo que recibí de ti allí en el lugar en el que viviste por tantos años me llenaron el corazón. Los discípulas me llevaron a tu dormitorio. Allí en la cama cubierta de seda blanca yacía tu cuerpo, inmóvil en serenidad sublime. Inmerso en brillo etéreo, tu forma terrenal yacía aún como la cumbre del Monte Everest debajo del cielo azul iluminado por las estrellas. Incluso en tu muerte tu rostro brillaba con gloria celestial. Nosotros siete estábamos de pie formando un semi-círculo a tus pies. Yo estaba cercano a tu corazón desde el lado izquierdo. Anhelé comunicarme contigo una vez más. Mi alma oró porque tú, tu alma acudiera a nosotros. Apareciste ante mí, y supe que estabas con nosotros en la habitación.

Coloqué mi mano derecha sobre tu corazón e indiqué a mis hermanas condiscípulas que hagan lo mismo. Nuestras manos unidas estaban sobre tu corazón e hicimos un voto sagrado. Pronuncié las palabras y todos me siguieron. Sentí tu presencia. Para asegurarnos de tu presencia junto a nosotros y del júbilo de tu alma, derramaste lágrimas. Lágrimas de amor y gozo corrían desde los extremos de tus ojos cerrados. Las discípulas se quedaron transfiguradas observando este increíble hecho. Asombrada y sorprendida, Lanie, nuestra más joven y más querida hermana condiscípula, siempre rápida con sus palabras de auto-expresión, habló con la voz temblorosa. “¿Puede ésto ser posible? ¿Puede…? ¿Puede…?”, dijo ella tres veces.

Permanecí silencioso en mi gozo. Con voz suave he pedido ésto, y la hermana Daya tiernamente secó las lágrimas de tus ojos. Las hermanas Mataji, Durga y otras estaban de pie en silencio. Les pedí, por favor no cuenten a nadie lo que han visto aquí hoy. Lo prometieron asintiendo silenciosamente con la cabeza.

Contemplé a tu alma, libre de su morada carnal, en el cuerpo espiritual de la forma astral fundiéndose gradualmente en la esfera de la luz etérea. Cada uno de nosotros con las manos unidas en amor y reverencia, y con inagotable gozo en nuestros corazones, lenta y silenciosamente abandonamos tu habitación. Que esta bendición eterna de tu alma inmortal continúe inspirándonos y guiándonos con seguridad y fe por siempre. Oh, mi adorable Gurudeva, ¿adónde más podría ir para recibir la gracia celestial sino a tu corazón divino?

Nos paramos en círculo en el vestíbulo principal de la mansión de Mt. Washington. Estábamos juntos para decidir qué debería hacerse con tu cuerpo. Fui informado de que tu hermano Sananda Gora había enviado un telegrama desde India dirigida a mí en la Sede Central de SRF, diciendo, “Jotin, envía el cuerpo de nuestro hermano a casa”. El Dr. Lewis pensativamente dijo que yo, siendo compatriota de nuestro Gurú, debería tener la decisión final. Mi mente recordó la manera en la cual tú habías hecho la disposición final del cuerpo de tu Gurú.

Habías regresado a India por una visita. Mientras estabas allí en tu madre patria, tu Gurudeva Swami Sri Yukteswar falleció. Me dijiste que no habías cremado su cuerpo, que era normalmente la costumbre de los hindúes. Tenías una fosa muy profunda cavada en la arena, colocaste su cuerpo allí, la llenaste con una gran cantidad de sal y finalmente cubriste la fosa con capas gruesas de arena. Así que enterraste el cuerpo de tu Gurú frente a su amado Karar Ashram en las costas de Puri. Yo seguí tu ejemplo y me expresé diciendo que tu cuerpo no debería ser cremado y que debería quedarse en USA. Todos estuvimos de acuerdo. St. Lynn me pidió que conduzca tu servicio funerario. Accedí y me sentí bendecido.

Con una diversión pura, retozando alegría, con jovialidad juvenil, con risas y lágrimas (sí, lágrimas también) dimos la bienvenida a nuestras responsabilidades y las hemos cumplido con una mente determinada y firmeza de propósito, así como también con devoción del corazón y amor del alma. Hicimos a nuestros días bendecidos en la santidad con canciones, oraciones y meditación. Nuestra vida fue completa y fructífera. Pero tú ya no estás.

En el santuario de Mt. Washington, del cual consideraste que era realmente tu hogar, en presencia de tus discípulos, devotos y amigos, mientras yo llevaba adelante el rito sagrado de liberación de pie a la cabecera del ataúd cubierto de flores, la mía fue la última mano que tocó tu sagrado cuerpo, tocando los hombros, el corazón y la frente (el ojo espiritual, el Kutasha) mientras cantaba el simbólico Mantra:

 

Por el toque de este fuego, este cuerpo es purificado,

por el toque de esta agua, este cuerpo es regresado a su naturaleza inmortal,

por el toque de esta pasta de sándalo, este cuerpo es regresado a Dios con devoción

(…)

 

El Forest Lawn: Un día no mucho antes de tu partida de este mundo de arenas y mares, me llevaste a ese hermoso parque. Era la hora del crepúsculo de un día glorioso. Caminamos a través del mausoleo y paseamos por el hermoso jardín. Las flores crecían alrededor del camino revelando la belleza del Todo-Bello. En actitud pensativa, me dijiste “Premananda, este lugar es tan hermoso que inspira a uno a dar la bienvenida a la muerte sólo para estar aquí.” ¡Estas palabras tuyas hicieron que me lo preguntara!

Ahora tu cuerpo, embalsamado y sellado en un ataúd, yace en una bóveda en el mausoleo de mármol. Tú conoces el lugar. Yo, con mi alma, doy testimonio de la verdad de tu percepción yóguica extra-sensorial. Lamentablemente (lástima, qué lástima) pocos, muy pocos, están calificados espiritualmente para comprender la verdad de la inmensidad de tu iluminación divina y auto-perfección.

Una vez más he regresado a este suelo bendito y me paré frente a la bóveda que protegió tu forma terrenal. Con la mayor reverencia coloqué una rosa amarilla fresca en el vaso de oro frente a la lápida brillante de blanco marfil. Allí me quedé de pie en callada contemplación, solo. Absorto en mi propio pensamiento, lentamente, en verdad, muy lentamente me alejé.

 

 

 

 

“Ven y Sígueme”

“En el principio es el verbo” dice San Juan el apóstol del secreto divino, el águila de Dios que ve la profundidad de todo. En esa profundidad es el verbo, la Palabra, una información creadora; esa palabra es Vida. Es luz; es también Amor. Ese Amor que se describe como la sustancia de toda la creación.

Para los cristianos, ustedes lo saben, esta palabra tomó el rostro de Jesús de nazaret.

Es esta palabra la que a lo largo de todo el evangelio nos dice: Anda!, No temas! Ten confianza!, Ábrete!; palabra que consuela, acaricia, perdona para luego llamarnos : “Vengan y vean; ven y sígueme!

El llamado del amor…

( para escuchar el texto completo, hacé clic sobre el títuto “Ven y Sígueme”, aquí debajo)

 

Ven y Sígueme